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Un hombre pasó el día explorando un bosque en el que nunca había estado antes. Estaba anocheciendo y su sentido de orientación ya no funcionaba bien, mientras seguía adentrándose más y más en el bosque. Tras horas de andar vagando sin rumbo fijo y con la noche encima de él, encontró una cabaña entre varios árboles. Se dirigió a la cabaña para ver si alguien podía ayudarlo, golpeó la puerta pero no hubo respuesta, estaba abierta así que decidió entrar.

No había mucho adentro, solamente una cama, y sientiendose cansado pensó que lo mejor sería dormir y si alguien venía le explicaría su historia. Mientras intentaba dormir, notó muchas pinturas extrañas en el interior de la cabaña de rostros deformados con ojos rojos y todos parecían estar mirándole. Sintiéndose incomodo trató de ignorarlos, cerró los ojos y se durmió. En la mañana el aventurero despertó aterrorizado al darse cuenta que no había pinturas en la cabaña, solo ventanas.

Era más de medianoche, caminaba de regreso a casa acompañado de mi madre, una lechuza nos sobrevoló soltando graznidos, mi madre se persignó y bajo la mirada —Es solo un animal— dije con tono escéptico —¡No la mires!— contestó ella sin levantar la cabeza —Está en el árbol— sin reparar lo que hablaba levante la mirada y la vi, la mujer enfundada en prendas blancas escondida entre las copas de los árboles, llevaba el cabello tan largo y negro que se mecía a merced del viento, comenzó a graznar y salió volando —¡Baja la cabeza!— ordenó mi madre —Tiene hambre.

Parece un escenario sacado de una película, pero es real. Existe una isla ubicada en el centro-sur de Ciudad de México en la que reinan miles de muñecas antiguas. Abandonadas a modo de ofrenda, algunas de sus cabezas se exhiben clavadas en estacas, mientras que otras permanecen colgadas de los árboles. La historia se remonta a 1950, cuando el propietario del terreno, Julián Santana, empezó a colgar muñecas como protección contra los malos espíritus.

Santana creía que había sido maldito. Tiempo atrás, había encontrado el cuerpo de una joven que había fallecido ahogada a orillas de los terrenos del hombre. Empezó a convertirse en protagonista de episodios paranormales: oía voces, pasos y el llanto de una mujer, por lo que decidió colocar muñecas por la isla para ahuyentar el alma de la chica. Su obsesión llegó hasta tal punto que pasaba las horas buscando muñecas en las basura y en los canales de Cuemanco.

Santana falleció en 2001 cuando se encontraba a orillas del río, justo después de comentarle a su sobrino que una sirena quería llevárselo. Ahora, el lugar se ha convertido en un sitio turístico y las autoridades de la región se plantean crear un museo para conservar las muñecas

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Nosotros somos unos niños curioso y juguetón que un día como cualquier otro a nos ha pasado algo tan espeluznante qué nos asecha en nuestros sueños....
_Era un jueves por la tarde nos fuimos a acampar con nuestro padres cerca de un cerro muy arbolado y salimos un rato a jugar antes de que se haga de noche, jugando se nos olvida la hora que se ha hecho de noche y luego hiendo ah nuestro campamento escuchamos pisadas pero un momento pensamos que era nuestro padre pero luego se oía que repetía palabras que no se entendía (esvallan, esvallan) y nos asustamos y nos fuimos corriendo con miedo y nos entramos en la penumbra del bosque .... Luego de que ya no se escuchaba nada , y empeze a buscar a mi hermano y luego escuche unos gritos (ahhhhhh) pensé que era mi hermano en peligro fui corriendo pensando que le encontraría y luego vi un resplandor donde venia los gritos detrás de los arbustos me acerque lentamente y oi algunas voces .... Me fui acercando mas lentamente y me sorprendi al ver ..... Continuación